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La Historia de don Chicho Calle Machado de Santa Rosa De Osos y su familia dueños de la hacienda San Juan de Rodas donde hoy esta hidro Ituango

 

Criadero Jesús Calle Machado – Historia

El Abuelo Jesús Calle Machado y los Tíos Darío y Guillermo criaron, compraron y vendieron muchísimos caballos durante todos estos años.  

La familia Calle tuvo unas fincas de ganado en un período de más de 100 años y durante este tiempo los caballos y las mulas sirvieron para entrar y salir de las mayorías, cargar, dar vuelta y realizar el trabajo y además para el disfrute.
Haciendo un cálculo aproximado, desde finales de los años 40 hasta el año 1990, siempre tuvieron un promedio de 100 caballos y mulas.
La tradición Calle en los caballos es de 70 años.

 El trabajo era muy exigente y continuo, las distancias eran largas siempre, las jornadas eran prolongadas y por eso se requerían muchas personas, caballos y mulas y los patrones y los mayordomos administraban los recursos según las necesidades de cada una de las fincas.

En ese tiempo, las fincas no tenían acceso en carro: El camino era de tres horas a San José (en Puente Iglesias) desde Cuartelito y a San Juan de Rodas (donde hoy está Hidroituango) desde Puente Pescadero y de 45 minutos al Guácimo (en Yarumal) desde Monserrate y a La María desde Valmaría (en San José de la Montaña) 

Al Abuelo y los Tíos les gustaban los caballos buenos (sin importar que fueran finos o trochadores), guapos, fuertes para una jornada larga, arrendados, con brío del bueno (sin exagerar), mansos, baquianos en un mal paso con pantano y piedras, fundamentalmente suaves, cómodos y descansados para largos días y semanas de trabajo.

Además, tenían sus peculiaridades con respecto a los caballos:

  • El Abuelo y el Tío Guillermo se movían en muy pocos animales en cada finca.
    El Papá Jesús montaba en el Visir en San José, en El Guácimo en Caruso y después en Pilarica.
    Guillermo montaba en el Contralor y el Arlequín en San José, en la Murcia en Santa Rosa y después, en el Guácimo y en Holanda, en la Cítara, Monalisa y Luz de Luna.
  • El Tío Darío se montaba en cada finca en un ejemplar distinto, iba cambiando, disfrutaba siempre, nos asignaba los ejemplares a cada uno en las salidas y estaba pendiente de nosotros y los animales.
    Fue el maestro de los primos y sus hijos, un gran criador y comprador y vendedor de caballos y de ganado, dirigía el manejo de los caballos en las fincas y coordinaba con los mayordomos los movimientos según las necesidades.
    Darío prefería las yeguas, sobre los caballos y el paso fino y la trocha sobre el trote y galope; organizaba las amansadas de los potros con arrendadores de otras partes.

La familia crió y compró yeguas, mulas de silla y de trabajo, los caballos padrones y los capones (en menor número); siempre conservaban las potrancas y los potros se iban vendiendo y cambiando.

El Abuelo y del Tío Darío fueron adquiriendo ejemplares de mayor nivel en los negocios con los amigos caballistas y ganaderos, en especial con el abuelo y el papá de Fabio Ochoa (y con él mismo), con Jaramillito, Alberto Uribe, entre otros.

Así, con los años, se fue mejorando la calidad de los caballos en El Guácimo, San José y después en mayor grado en Holanda.

Empezaron a disfrutar más los caballos porque antes eran más de trabajo, después llevaron un buen número de ejemplares a las Ferias de Medellín y de los pueblos cercanos a las fincas; los primeros fueron Luz Stella e Ídolo en la Feria de Medellín (hoy Feria de Flores) y más adelante resaltamos a Florencia que ganó en muchas ferias del país

En la década de los 60, el Tío Darío llenaba el carro con los hijos y los sobrinos y nos llevaba al Aurelio Mejía a ver las exposiciones y allá nos deslumbrábamos viendo los mejores caballos del país, pasamos allí días inolvidables y entendimos lo que eran los caballos de pista y aprendimos mucho.

Nos llevaba a las pesebreras de sus amigos, entre ellas a La Margarita, de Don Fabio Ochoa, a Asocaba, a Asdesilla esas visitas fueron una fantasía parra nosotros.

En Holanda hicimos unas “ferias” de caballos, entre nosotros; incluso, años después hasta alcanzamos a hacer una competencia en la que ya estaban los hijos de los primos (bisnietos del Papá Jesús).

En general, en ese tiempo, ellos y todos los criadores manejaban sus caballos con criterios como los siguientes:

– Los animales eran más de trabajo en las fincas, no de exposición
– Buscaban ejemplares cómodos y guapos porque las jornadas eran duras
– Los caballos padrones residían en los criaderos
– Tenían caballos de todas las modalidades y las cruzaban entre sí
–  Casi todos los reproductores eran finos y se cruzaron con todas las yeguas
– Hubo numerosas yeguas buenas y eran de menor calidad los potros
– También se vendían las mejores yeguas
 
En su libro, decía Don Fabio Ochoa del Abuelo y del Tío Darío:



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