Videos #HidroItuango

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La Historia de don Chicho Calle Machado de Santa Rosa De Osos y su familia dueños de la hacienda San Juan de Rodas donde hoy esta hidro Ituango

 

Ignacio Mesa y Luis González

Ignacio y Luis nos enseñaron muchas cosas de las fincas y de la vida y nos acompañaron muchos años en Morelia, El Guácimo, San Juan de Rodas y Holanda.

Ignacio Mesa (y Bernardita) y Luis González (ver las fotos) fueron unos señores a carta cabal, de otra época, trabajaron como administradores de las fincas de la Familia Calle en el Norte de Antioquia (Ituango, Angostura, Yarumal, Carolina del Príncipe).
Luis, casado con Socorro Mesa, era el yerno de Ignacio y Bernardita.
Para nosotros estos señores fueron unos Maestros, hábiles y cancheros para hacer un negocio con un comprador y un vendedor de ganado, para relacionarse con los patrones y sus familias, con un oficial de construcción, con los trabajadores de varias regiones, con los vecinos y las personas de los pueblos.
En 1958 y a principios de los 60, los Tobones y Alvaro López pasamos vacaciones en las fincas que ellos administraban, nos quedábamos un mes o más, teníamos entre 7 y 12 años.
Nos cuidaban mucho y nos ponían a hacer “tareítas”, a ir por la yerba de corte para las yeguas o, con los muchachos, a traer o llevar un ganado, nos metíamos a un corral a vacunar o a separar un ganado, el día del baño de los lotes estábamos ahí en los corrales, también a una lechería, la llegada de la leche a la quesera era emocionante, estábamos pendientes de la leche que llegaba (en La María), entre otras.
Con su ejemplo, ellos nos enseñaron a montar a caballo, a cuidarlos, a coger un ternero y una vaca, a curarla, a encerrar los terneros, a arreglar un camino, a limpiar un potrero o un alambrado, a mejorar a una casa, y muchas más.
También los veíamos hacer un negocio con un comprador y un vendedor de ganado y arreglar una situación con un vecino. 
Los domingos nos íbamos a caballo muy temprano para Ituango (tres horas) y Angostura (casi una hora), era el día de pago a los trabajadores, hacían negocios y recibían plata de los carniceros por las reses que, pagaban compromisos y hasta comíamos lengua en el restaurante del pueblo (nos daba una risa ver ese trozo de carne en el plato).
Asistíamos a la misa y en Angostura veíamos al Padre Marianito, qué susto por la noche en esa pieza en la casa y sin luz.
Y veíamos como manejaban los trabajadores que eran muy campesinos, humildes, respetuosos, algunos se tomaban sus cervezas montados en una mula enjalmada.
Los Domingos, Luis González mantenía plata en varios bolsillos según la necesidad, cuando un trabajador le pedía platica prestada, dependiendo del valor él sacaba la poquita que tenía en un bolsillo y se las daba, “vea lo que tengo, eso me queda” y todos nos reíamos.
Volvíamos del pueblo el domingo en la noche.
Luis pasó de Morelia al Guácimo y luego a Holanda, era muy trabajador y hábil para todo: Reparaba un radio, el teléfono, un televisor, vendía y compraba ganado, curaba un novillo, arreglaba el jardín, hacía “las cuentas” (se le enviaba los informes al Tío Guillermo).
Después se independizó, le fue muy bien y regresó más adelante al manejo de la finca.
Durante más de 20 años, en las vacaciones con toda la familia estaba al frente de todo, era el anfitrión y muy sonriente, repartía aguardiente por la noche, antes de los fríjoles de todos los días.
Ignacio Mesa pasó de Morelia a San Juan de R. (donde hoy está Hidroituango), allá íbamos dos o tres veces en el año.
Las jornadas de Ignacio eran largas, esa tierra es muy dura, muy pendiente y todo era muy lejos, en mula.
Empezaban antes de las 4 am con la pilada del maíz, la ordeñada, dar vuelta, comprar y vender ganados, organizar los convites para arreglar los potreros, bañar los ganados y muchas más.
En unas vacaciones, Ignacio nos invitaba a bañarnos en el Cauca y nos daba susto porque creíamos que se metía al río pero cuando fuimos, él se echaba agua sentado en una piedra y se reía de nosotros; después nosotros lo molestábamos porque «valiente gracia el baño tuyo en el río».
Por la noche se dormía rezando el rosario y despertaba recitando el “Dios te salve” cuando ya habíamos terminado y nos moríamos de la risa.
La comida paisa era de la buena, la leche de tierra caliente nos hacía daño y Dora, la hija, nos hacía charlas y nos asustaba en la noches; allá espantaban además.
Estos dos señores hablaban bien, pasito, respetuosos, nunca una palabra mal dicha ni un grito a un trabajador.
Y pasaron los años y la relación de ellos con todos los primos fue cambiando porque ya éramos unos muchachos, estudiábamos bachillerato y universidad.
Después ya nos casamos (luego con hijos), ellos más veteranos y nos trataban a todos en la misma forma, seguían dándonos clase, en especial con el ejemplo.
Ignacio y Bernardita estuvieron ya muy ancianos en Holanda.
Dejaron una huella imborrable en toda la familia, en mis desvelos pienso en todo lo que aprendimos con ellos y en lo descrito en este texto.


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