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La Historia de don Chicho Calle Machado de Santa Rosa De Osos y su familia dueños de la hacienda San Juan de Rodas donde hoy esta hidro Ituango

 

El Macho Timbre

Historia de una visita a San Juan de Rodas

En 1970, al terminar un semestre de estudio en la Facultad de Minas nos fuimos para San Juan de Rodas, una finca familiar ubicada donde hoy queda HidroItuango.

Éramos cuatro estudiantes de 4º Semestre de Ingeniería y acabábamos de ver Cálculo IV con el “Peludo” Mejía (profesor legendario) y Jaime Chica (resultó igual o más difícil que el Peludo), la idea era irnos una semana para la finca a descansar de todo lo que estudiamos y a que mis compañeros conocieran esas tierras.

El viaje a la finca era largo, primero durante 6 horas en un bus y al llegar a Puente Pescadero, había que montarse en una mula unas 3 horas hasta la casa de la finca.

Los compañeros, como es obvio, llegaron muy maltratados porque el camino era subiendo y ese movimiento de las mulas muele al que no está enseñado.

También les causó molestias la leche cruda en esos primeros días porque hasta a nosotros que estábamos acostumbrados nos hacía daño.

Por eso los amigos no se querían mover de la casa en los primeros dos días, pero al tercer día ya dijeron que nos fuéramos a dar una vuelta.

Yo los quería llevar a una cascada de agua de una quebrada que está en el potrero El Jordán (el mejor de la finca decía el abuelo) porque la idea era ponerle la cabeza a ese chorro para dejar allí las Integrales y el Cálculo IV que habíamos terminado de estudiar en la Facultad.

Uno de los amigos me dijo que él se quería montar en el macho Timbre (era el mejor de la finca), que ya era capaz de aguantar el camino y entonces lo montamos en el macho.

Salimos por el camino de la Mayoría al río Ituango, para llegar a un sitio unos 500 metros arriba de la desembocadura del Río Itüango al Cauca.

Eran unas dos horas, bajando, las mulas “mecen” el jinete y ese “mecido” es el que le produce las peladuras.

Llegamos a la quebrada, nos quitamos la ropa y en pantaloncillos nos metimos a la quebrada, le pusimos la cabeza a la cascada y allá quedaron las Integrales que habíamos estudiado, nos reímos un rato hablando de los profesores y nos divertimos mucho.

Después nos empezamos a vestir pero el amigo que bajó en el macho Timbre seguía sentado en una piedra, en pantaloncillos, no se vestía y no hablaba palabra.

Yo le dije, “Hermano, vestite ya, que nos vamos” y el hombre seguía ahí callado, no decía nada y ya empezamos fue a molestarlo, “movete, nos va a coger la noche”, “contemplado” y el hombre seguía sentado en la piedra.

Fui donde él, le insistí en que se moviera, que nos faltaban más de dos horas de camino.

Hasta que de pronto, el hombre se puso de pié y empezó a llorar y nos dijo:
“Es que yo no soy capaz de montarme en ese HP macho, yo estoy lleno de peladuras”.

A los demás nos dio mucha risa pero después nos preocupamos porque el amigo estaba muy maltratado.

Entonces hicimos un cambio del macho por una yegua, el hombre se calmó y nos devolvimos para la casa a buscarle un remedio a nuestro amigo.



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